Ser extranjero es una gran posibilidad de entrada a la cultura

Experiencia del estudiante Sergio Candia, realizando su PFT en Filipinas.

Les cuento un poco como va la experiencia por estas tierras del arroz y del vino de coco.

Hace dos meses que arribé a la Parroquia San José Mamumuo (Obrero) en Bunawan – Agusan del Sur. Cuando llegué, la gente me recibió muy bien, por supuesto esta es una de las características de los filipinos, como ya he dicho antes, son muy acogedores y esto se nota cuando eres nuevo en un lugar. Los primeros días fueron casi un martirio ya que en esta zona sólo se habla el idioma que yo estaba estudiando hace poco, pero que no había practicado lo suficiente, así que no entendía nada, me sentí como en los primeros días de mi experiencia aquí en Filipinas, me parecía que todos hablaban chino mandarín o algo así.

Fue un poco duro al comienzo ya que en la escuela nos entrenaron con un Bisaya más formal y antiguo, entonces este primer tiempo por acá me ha ayudado para ir ajustando mi idioma, sobre todo con los jóvenes, ya que ellos hablan una versión mezclada del bisaya o una versión moderna, es por eso que cada vez que intentaba hablar con ellos me decían “!Lawom kaayo imong bisaya frt. Sergio!” (Sergio, tu bisaya es muy antiguo). Por supuesto, ellos me han ayudado a ajustar mi idioma, pero fue imposible no sentirme como si usara el español de Don Quijote en Chile o Argentina. Debo decir que la paciencia ha sido la más beneficiada con todo esto, ya que ni te imaginas como he tenido que trabajarla. Gracias a Dios voy viendo un avance en el idioma y cada día se me hace un poquito más fácil hablar y sobre todo sin ese doble esfuerzo de traducir en la cabeza antes de hablar, así que me canso menos. Por eso no tengo un trabajo especifico dentro de la parroquia, porque además, esta parroquia será entregada a la diócesis el próximo 1º de Junio, por lo que me asignaron a otra parroquia en donde tendré más posibilidades de trabajo, según el programa que hemos preparado con mi superior aquí, me dedicaré a la pastoral juvenil y a la animación misionera de la parroquia; veremos que va a resultar de todo esto.

Durante estos dos meses en la parroquia me ha tocado más bien acompañar y sobre todo observar cómo funciona la pastoral juvenil. Hemos tenido ciertos encuentros parroquiales y zonales donde he podido ir viendo cómo funciona un poco la cosa y más o menos, cuáles son los intereses y métodos de trabajo.

Pero debo confesar que donde me he sentido muy a gusto ha sido en las visitas que hacemos a las comunidades que están más alejadas de la parroquia, porque estas me ayudan a practicar mi idioma y conocer otras realidades de la zona. Para llegar a estos lugares muchas veces es necesario viajar en moto, porque las calles son muy difíciles, a veces hay lodo, piedras o son muy estrechas para los autos. En una moto viajamos 4, así que imagínense lo incómodo que es, pero por supuesto, vale mucho la pena. El otro día, mientras íbamos en una cuesta por entre medio de la belleza de los bosques, en medio de las montaña el chofer perdió el control de la moto y nos caímos, fue gracioso porque el chofer trataba de no perder el equilibrio y yo como iba al último, trataba con mucho esfuerzo de ayudar a que la moto no se volcara y así no nos cayéramos, pero luego de un gran esfuerzo y no ver resultados, pensé: “Sagdi na lang” (no importa), y dejé de hacer contrapeso en la moto y por supuesto ¡nos caímos todos! gracias a Dios no íbamos rápido y no había ninguna pendiente por donde nos pudiéramos caer. Después de todo, uno termina disfrutando todas estas cosas…

Lo interesante es llegar a todas estas comunidades, que por lo general tienen muy pocas visitas del párroco por la lejanía y la cantidad de comunidades. La alegría de la gente que ve llegar a la “comitiva oficial” en moto es increíble y además con un “Kanó” (es la versión reducida de americano), que es la palabra para los no-filipinos, especialmente los que tienen una nariz diferente a la de ellos o la piel más blanca. Sentirse extranjero siempre es una arma de doble filo, por que uno se puede quedar en el que se es ajeno a la cultura, al idioma, a los usos, etc. y con esa actitud uno se queda afuera, siendo por siempre un extraño, pero en cierto modo he aprendido a disfrutar de el “ser extranjero” y sin duda es una gran posibilidad de entrada a la cultura si se ve desde el otro punto, ya que (según mi pequeña experiencia) el “aprovecharse” de esto te posibilita preguntar, interesarte por, y lo más lindo de todo, es que la gente siempre está dispuesta a ayudar y explicar las cosas.

El otro día, mientras volvíamos de una capilla que está “perdida por los cerros”, la gente se daba vuelta a mirar al “langiaw” (extranjero), volvíamos en moto, y me preguntaba esto mismo sobre cómo se me ha dado la posibilidad de entrar en la cultura, y me puse a reír y disfrutar, y hasta a veces saludar con la mano.

Bueno hermanos, que sigan bien. Un abrazo en la distancia.

En la misión del Dios Trino,

Sergio Candia