Silverio Klaus SVD

+ 25.07.2015 (1938-2015) / 38-58-60-65-66

Silverio Klaus, hijo de Enrique Klaus y Paulina Unrein, nació el 04 de octubre de 1938 en Valle María (Entre Ríos).

En 1949, con 11 años de edad, ingresa al Seminario Menor de Esperanza (Santa Fe), donde culmina sus estudios secundarios. En 1958 ingresa al Noviciado en Alta Gracia (Córdoba) y en 1960 hace su primera profesión religiosa. Tras dos años de filosofía en Rafael Calzada (Buenos Aires), en 1963 es trasladado para continuar sus estudios teológicos en Roma. Allí, en 1965 hace la profesión de los votos perpetuos y el 20 de febrero de 1966, en Nemi, recibe la ordenación presbiteral.

Permanece en Roma por estudios superiores hasta 1968. Pudo acompañar el desarrollo del Concilio Vaticano II de cerca y en varias oportunidades acompañó a algunos padres sinodales o comisiones en algunos oficios de secretaría o ayudantía. Este acontecimiento, sin duda, marcó su vida religiosa y sacerdotal para siempre.

En 1968 regresa a Argentina y es destinado a la Parroquia San Jerónimo Norte (Santa Fe), donde se desempeña como vicario parroquial. En 1971 es trasladado a Alta Gracia para asistir, primeramente, al prefecto de filósofos y luego como Maestro de Novicios (1973-1977). Desde 1977 y hasta 1984 será nombrado en Esperanza como Prefecto del Seminario Menor, en este tiempo, simultáneamente, se desempeña como profesor en la Universidad Católica de Santa Fe y en otros servicios pastorales.

En 1984 nuevamente es convocado como Maestro de Novicios en Alta Gracia, allí estuvo hasta 1987 cuando se traslada el Noviciado a Bialet Massé (Córdoba), donde continúa como Maestro hasta el año 1990.

En el año 1990 regresa nuevamente a Alta Gracia, ésta vez como formador de los juniores, servicio que prestó hasta el año 1993 cuando es elegido Superior Provincial de ARN (Argentina Norte). Desde 1993 hasta 1999 se desempeña en el Provincialato de ARN, trasladando la sede Provincial a la Parroquia de Fátima de Alta Gracia (Córdoba).

Luego de estos seis años en la animación provincial, es solicitado como Rector de la Comunidad SVD de San José de Esperanza y Representante Legal del Colegio San José, allí transcurre desde 1999 al 2004.

En el año 2004 se integra a la comunidad de la Parroquia de Loreto, de Alto Comedero (Jujuy) y luego, por un par de años, es Representante Legal del Colegio del Salvador (Jujuy).

En 2007 pasa a la Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Crespo (Entre Ríos) hasta el año 2008, cuando se traspasa la asistencia pastoral de la misma al clero diocesano.

Desde 2008 hasta su deceso vivirá en Rafael Calzada, primero como vicario parroquial en la Parroquia Santísima Trinidad, hasta que por problemas de salud debe ser asignado al Hogar San Javier en 2013.

Los dos últimos años ha sobrellevado con entereza y generosidad los límites propios de su estado de salud. En la madrugada del sábado 25 de julio de 2015 emprende su paso al seno del Padre y así consume su unión con el Verbo con quien desde su temprana edad se fue configurando y por quien consagró su vida como religioso-misionero.

Toda su vida fue destacado por su inteligencia, agudeza y lucidez; ello acompañado con su sencillez y simplicidad de vida, con su honestidad y gran fuerza de voluntad. También siempre apreció la vida comunitaria, la pertenencia a la SVD y el apego al carisma legado por San Arnoldo.

En muchos períodos fue consejero provincial y ocupó espacios de conducción y animación, tanto en las comunidades, distritos, como en las Diócesis y Juntas de Religiosos/as donde desarrolló su ministerio. La educación, formación y acompañamiento de catequistas y otros agentes pastorales fue su nota distintiva y lo realizó con mucho entusiasmo, dedicación y seriedad.

Su presencia y testimonio entre nosotros ha sido para varias generaciones de verbitas en Argentina, un faro luminoso que nos ha guiado para vivir con alegría la comunidad y la misión.


 

Su testimonio se multiplicó en abundante vida

El 25 de julio de 2015 partió serena y silenciosamente a la Casa del Padre nuestro querido cohermano P. Silverio Klaus; así vivió siempre, como un hombre discreto, sencillo, optimista y profundo.

Muchos lo recuerdan en sus múltiples facetas y en los diversos ministerios que prestó en sus 55 años de votos religiosos y casi 50 de sacerdocio por medio de la educación y la formación, en parroquias y en la conducción provincial. Muchas generaciones de SVDs en Argentina lo tuvimos como formador, principalmente, como Maestro de Novicios. Estoy seguro que a todos los que compartimos con él, de un modo u otro, nos marcó y caló su personalidad y su testimonio.

Cuando comunicaba a las comunidades de su deceso, muchos empezaron a hablar de él y un cohermano me dijo: “Silverio, fue toda una ‘institución’ en la SVD en Argentina”. Me hizo pensar esta palabra porque al decir “institución” pensamos en algo que está firme, bien parado y plantado, fundado y sólido. En este sentido, perfectamente lo podemos aplicar a su personalidad; Silverio se dejaba percibir, generalmente, como alguien recto y justo, con convicciones firmes y con una fuerza de voluntad inquebrantable.

Los últimos dos años con un cuadro delicado de salud, como él dijo y escribió: “Ando a los tumbos, cuando apenas me levanto de una, caigo en otra. Últimamente me tiene a muy mal traer un dolor en la cintura (por una contractura) que apenas me deja caminar. Muchas veces no sé qué es mejor, estar sentado o parado”. Pero tampoco esta situación lo tumbaba en la desesperación ni en el lamento, en cada visita me daba lecciones de cómo sobrellevar la cruz y era frecuente que hablara de paciencia y de no pretender violentar el curso de la naturaleza humana. La “institución” nos dejó compartir ese otro lado de su vida, el lado frágil y vulnerable, que siempre entre amigos y cercanos abría con detalles de fraternidad y hasta de ternura. Recuerdo cuando agradecía por medio de una cartita a niños de catequesis que le regalaron unos peluches que conservaba en su habitación.

En la última Pascua nos regaló un hermoso escrito, un manuscrito de 5 hojas que escribió con letra prolijísima y que me lo entregó (casi por obediencia) para que lo publicara y compartiera con toda la Provincia. Tomé ello como un testamento y sé que para muchos fue muy conmovedor su mensaje, porque ahora no era el maestro de novicios que nos daba una conferencia, sino era el hermano que con su propia vida nos trasmitía cómo el consagrado se adhiere y participa de la Pascua del Señor a quien sigue. Terminaba aquel artículo con esta frase: “Desde el punto de vista del misterio pascual, estoy atravesando mi Viernes Santo, con mucha fe y confianza en la promesa que encierra en sus entrañas el misterio de la Cruz. Lentamente voy avanzando hacia la Pascua, con una vida nueva y un espíritu nuevo. Me encomiendo a sus oraciones”.

Su Pascua ha llegado, ahora es revestido con su condición de hombre nuevo y el grano de trigo que se sembró en nuestra tierra arrojó una rica cosecha y se multiplicó en abundante vida.

Hermano, amigo, maestro, pastor, Silverio descansa en paz y que tu testimonio nos siga impulsando a vivir nuestro seguimiento de Cristo hasta el final con la integridad y transparencia con que la viviste vos, que tengamos el mismo amor incondicional hacia la Congregación y a las comunidades como vos lo manifestaste.

Siempre te recordaremos y hoy pedimos tu intercesión sobre toda nuestra Provincia ARS para que acojamos la vida nueva y el espíritu nuevo que nos enseñaste a desear y pedir.

Agradecidamente,

P. José Luis Corral, SVD
(Provincial ARS)

4 Comentarios

  1. Heinz / Enrique Schneider, Alemania

    Silverio, que descanses en una paz viva con quien te había llamado segurile. Recuerdo varios encuentros con vos – sobre todo cuando buscaron a un formador en Stella Maris… Vos y Mario me “apretaron” – en fin, creo que fue El mismo que me invitó a aceptar este cargo. Vos Silverio, me impresionaste siempre con tu modo de aclarar las cosas, abrir una visión más ámplia… y siempre un hombre que amaba la vida compartida. Gracias por todo. QEPD.

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