Superar las tentaciones

YO ESTOY AQUÍ (1º Cuaresma C – Lc 4,1-13)

Por Rafael Emmert

El relato de este texto de San Lucas (4,1-13), en el cual habla de las tentaciones a las que fue sometido Jesús, nos deja una primera lección. Nos enseña que el Hijo de Dios no se hizo hombre a medias, sino que ha asumido la existencia humana en toda su profundidad y con todas las consecuencias, en todo se hizo igual a nosotros, menos en el pecado.

Lo verdaderamente importante consiste en que Jesús, hombre como nosotros, venció a la tentación, al pecado y a Satanás. San Lucas nos dice que Jesús, luego de su bautismo, regresó del Jordán y que estaba lleno del Espíritu Santo y éste lo condujo al desierto, donde fue tentado por el demonio durante 40 días, tiempo durante el cual no comió y al cabo de ellos sintió hambre. A partir de esto se nos relatan tres tentaciones. Son tentaciones que pretenden hacer tomar en provecho propio su condición de Mesías y su filiación Divina.

Por ello, cuando el demonio dice “si eres Hijo de Dios”, es como si dijera: Si eres Hijo de Dios no tienes por qué sufrir con el trabajo, con las cosas normales de los humanos, saca ventaja de esa condición. El diablo intentó apartar, por medio de las tentaciones, a Jesús de su profunda comunión con su Padre, de la cual nace la obediencia a su proyecto salvador y al apartarlo evitar su misión mesiánica, prevaleciendo en su lugar los proyectos humanos pensados a partir del egoísmo, dejando de lado la palabra de Dios, que genera justicia y amor fraterno.

Con todo esto, podemos entender que en el relato se ponen a prueba las siguientes condiciones:

1. La profunda relación entre Jesús y su Padre
2. La verdadera fidelidad de Jesús hacia su Padre
3. La convicción de llevar adelante su misión mesiánica
4. No pretender vanagloriarse de su situación y relación con su Padre

Se puede resumir todo en la tentación de evitar el propio destino, la misión encomendada por Dios. Además de lo que pueda significar cada una de las tentaciones experimentadas por Jesús, lo principal es que nos da ejemplo de fortaleza en nuestra lucha contra el mal, apoyado siempre en la palabra de Dios (siempre cita las Escrituras para contestar al diablo).

Nosotros experimentamos muchas tentaciones, que nos impulsan a buscar el camino fácil, egoísta, materialista, el de las cosas a corto plazo, sin abrirnos a las cosas, las causas y temas verdaderamente importantes. Son tentaciones como las que muchas veces no supo vencer el pueblo de Israel en su travesía por el desierto, seducido por los dioses falsos de los pueblos vecinos y su modo de vida menos exigente que el acordado cuando hicieron la alianza con Dios.

Nosotros también caemos fácilmente en la idolatría, faltando al primer mandamiento, que siempre será el principal “no tendrás otro Dios más que a mí”. Nuestros ídolos no son ahora estatuillas de madera o piedra, sino otros dioses que nos creamos nosotros mismos, como el dinero, el placer, el poder, el prestigio, el solo, el único, el yo.

Todos estamos en el desierto y siendo permanentemente tentados, el mal existe y también dentro nuestro. Pero con la ayuda de Dios y el ejemplo de Jesús, podemos vencerlo. Seguramente cada uno de nosotros tenemos experiencia de períodos de desierto en nuestras vidas, días o años de sequía espiritual, de dificultades de todo orden, que se acumulan hasta hacernos perder la ilusión y la esperanza, pero debemos siempre tener presente que el desierto es un tiempo de prueba y que sólo la aprobaremos si nos mantenemos firmes y en constante auxilio de la palabra de Dios y perseverando en la oración.

Rafael Emmert
Parroquia Sagrado Corazón, Picún Leufú – Neuquén