Todo depende con el color, dolor y valor con que se mire

Una mirada Pascual

Por José Luis Corral SVD

Hace unas semanas escribía a un amigo un saludo por motivo de su cumpleaños, entre los deseos le expresaba algo así: “que con una mirada serena y amplia puedas ver el horizonte luminoso”. Para mi sorpresa, me agradeció y me respondió: “eso de los ojos serenos en el horizonte creo que son para otra época, ahora quiero mirar el horizonte con decisión, ansiando los cambios, las tormentas y las primaveras…”. Aunque sé que el cumpleañero es un joven que mira desde su orilla algo fogosa, su respuesta me hizo repensar mis propios deseos, me cuestionó y provocó.

La Pascua es la fuerza que nos rejuvenece para volver a tener una mirada fecundada de albores de resurrección; una mirada que contempla, celebra y sirve a la vida.

Pedimos la gracia de la mirada de la Magdalena, de Juan y de Pedro, que desde la oscuridad van hacia la luz. No ven solo la piedra movida, la tumba abierta y vacía; pues en ellos la sorpresa se ha vuelto una convicción que toca el corazón y comprenden que Dios no abandona la vida de su Hijo Amado en el sepulcro. El Dios de la Vida ha confirmado la vida y misión de su Enviado y nos lo vuelve a entregar para siempre.

Este año, en que nuestro país está marcado por las elecciones, tenemos la agraciada oportunidad para redecirnos qué presente y futuro queremos para la patria. Deseamos líderes honestos, íntegros y comprometidos con el bien común. También ciudadanos que cultiven la cultura del encuentro en una armonía plural y dialogante que acreciente la amistad social de todos los sectores y actores.

Como Vida Consagrada, como Misioneros del Verbo Divino, también queremos que la Pascua nos alcance. Que nos afecte para ser auténticamente testigos de la alegría, no con poses dulcificadas e ingenuas, sino con la energía de estar sirviendo cada día a los demás aún a costa de ir “perdiendo” la vida.

Entre los más jóvenes suena la canción de Abel Pintos que dice: “la luz de tus ojos da vida al fuego en mi sangre”. Como decía mi amigo, que nuestra mirada siga anhelando cambios, vislumbrando nuevos gérmenes, asomándose donde la vida clama, que penetre e interprete los signos, que no mire espectadora desde el balcón sino desde abajo con la sangre encendida. Una mirada despierta, libre, ágil que se anime a salir a caminos menos transitados o hacia lugares no tan visitados.

Que la Pascua nos regale una mirada lúcida que distinga lo original de lo copiado, una mirada admirativa del misterio, una mirada inundada de misericordia y no inquisitorial. En definitiva, una mirada como la del Señor Jesús, cercana y restauradora, que llora y se duele cuando se hiere la humanidad y la creación, que goza y salta cuando el Reino se hace presente.

Que la Luz de la mirada del Resucitado nos encienda el corazón y nos agite la sangre como en Emaús para que volvamos a la comunidad y a la misión con decisión y nuevo vigor. Feliz Pascua de Resurrección, con ojos ungidos de la Luz del Verbo y abonados por el Espíritu de Gracia.