Un magnífico templo dedicado al Espíritu Santo y a Guadalupe

Descubra un ícono de Buenos Aires, Argentina: la Basílica del Espíritu Santo, parroquia Nuestra Señora de Guadalupe – Misioneros del Verbo Divino.

Infaltable en el recorrido por los templos católicos más emblemáticos de Buenos Aires, la Basílica del Espíritu Santo y parroquia Nuestra Señora de Guadalupe es un ícono del barrio de Palermo. Ubicada frente a la Plaza Güemes, lo que permite el lucimiento de sus imponentes torres de más de 50 metros de altura, es una maravilla arquitectónica en la que se pueden pasar horas de inmersión y catequesis sólo contemplando y mirando con atención los detalles en cada centímetro cuadrado.

¿Por qué está dedicada a la Virgen Guadalupe y al Espíritu Santo esta icónica parroquia de Palermo? La respuesta está en la historia.

Para 1890, se erigió en esta por entonces pujante zona de Buenos Aires, urbe que crecía incesantemente gracias al flujo migratorio, una capilla dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, emperatriz de América. En terrenos donados por la señora Andrea Navarro de Figueroa, fue construida por inmigrantes calabreses frente a una laguna que con el tiempo fue cubriéndose hasta convertirse en la Plaza que hoy es. La capilla, de una única nave, pronto quedaría chica. La fisionomía de esa zona de chacras comenzaba a convertirse definitivamente en una zona residencial. En aquellos primeros años, esa primera capilla del barrio fue atendida por los Padres Lacorderistas.

Por esos años arribaban a la Argentina los primeros Verbita, miembros de la misionera Congregación del Verbo Divino fundada algunos años antes por San Arnoldo Janssen, que justamente se dedicaron aquellos primeros años a atender a los migrantes, particularmente los suizos y alemanes del Volga. El primer destino no fue, sin embargo, Buenos Aires, sino Santa Fe, aunque ya para 1894 serían enviados los primeros hacia la ciudad portuaria del Río de la Plata.

Ese año, como los lacorderistas fueron trasladados a otra sede, la capilla quedó vacante, y el arzobispo de Buenos Aires monseñor León Federico Aneiros la ofreció como sede de la Congregación del Verbo Divino. La Congregación no solo destinó dos sacerdotes, sino que inmediatamente envió desde Alemania otros cinco misioneros. Y de hecho Argentina fue el primer destino de la congregación femenina fundada por San Arnoldo, las Siervas del Espíritu Santo.

Con el impulso de los verbitas la capilla luego parroquia fue convirtiéndose en el epicentro del barrio. Y fue necesitando más espacio. Hacia 1900 el fundador encargó al padre Juan Beckert, quien era a su vez arquitecto, diseñar y dirigir las obras para un nuevo templo. Éste sería dedicado al Espíritu Santo, como probablemente ninguno otro lo había sido aún en suelo americano.

El nuevo templo, adjunto a la capilla de Guadalupe, fue erigido de estilo románico, en forma de cruz latina, con tres naves de 53 metros de longitud por 20 metros de ancho, y un crucero lateral de 43 metros. Fue consagrado la Vigilia de Pentecostés de 1907. En cada torre de 54 metros, un reloj, claro está, de origen alemán, como una parte importante de los materiales con los que se erigió la luego Basílica. Los maravillosos vitrales, no obstante, provinieron de Francia.

La catequesis que, pisos, muros y techos relatan, particularmente las capillas, no sólo revisten un carácter mariano y trinitario, sino que presentan distintos episodios bíblicos y de la historia de la iglesia con lucidez artística, combinando pintura y escultura, y una acertadísima luminaria. Resalta el ábside de la nave central con el Espíritu Santo en forma de paloma del que emanan sus siete dones.

La Basílica del Espíritu Santo – parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, es un ícono de Buenos Aires. Por belleza arquitectónica pero también por rica historia pastoral y presente, ha sido siempre protagonista de la Iglesia en Buenos Aires.

(Fuente: Aleteia)