Una cantera de vida nueva

Fazenda de la esperanza

José Luis Corral SVD

Este escrito es sólo una reflexión de la vivencia de un mes vivido como interno en la Fazenda de la Esperanza, en Las Canteras, Deán Funes (Córdoba), mayo de 2008. Son sólo impresiones amasadas en mi corta estadía allí, no quieren ser idealistas o románticas, son como han cuajado en mí. Este tiempo ha sido para mí como una “peregrinación espiritual” hacia una mina de esperanza, en un lugar solitario y apartado, oculto para muchos pero de profuso brillo para mí. Allí, cerca de 30 jóvenes luchan y ponen alma y cuero para retornar a la vida y recuperar su libertad y felicidad.

Acercarnos a ellos, supone superar prejuicios, miedos, desconfianzas y dudas, para poder acoger sus vidas con la autenticidad y crudeza con que la exponen y comparten.

Descubrí muchachos robustos y a veces algo rudos, pero que detrás dejan aparecer mucha ternura, calidez y hasta el corazón de niño en sus cuerpos maltratados par las adicciones, secados por el consumo de drogas y sustancias tóxicas, crecidos de golpe y porrazo en la oscuridad de la noche o en la calle o en la esquina, donde desafiaban a la muerte o en el barullo que lo confundían a bestializaban en su soledad y depresión.

Estos chicos han tocado fondo, supieron gritar y alguien confió en ellos que podían salir, no son casos perdidos, ni irrecuperables, ni desperdicios, ni un error de la naturaleza… son pequeños-grandes héroes que se atreven a reconstruir sus vidas desde abajo y desde adentro, no quieren sólo desintoxicarse sino nacer de nuevo y vivir la vida nueva. No es fácil, podar y renunciar, encontrar sosiego y reposo después de tanto galopar sobre potros indomables, naufragar en mares tormentosos, escapar de persecuciones y acechos devoradores. Sofocados y tragados en remolinos que pegan duro: porros, cemento, pastillas, jeringas, pastas, delirio, ilusiones, depresión, ansiedad, pánico, estímulo, agresividad, mentira, delinquir, prontuarios judiciales, causas penales… llegan al “hasta aquí llegué”, “basta”, “no quiero seguir más”, “ayúdenme por favor”… Empezar a caminar, bajar la adrenalina, darse cuenta, tomar distancia y abrir el horizonte. Se trata, entonces, de vendar las heridas del alma, echar el bálsamo de la compasión, acariciar las llagas de estos “leprosos modernos” que son de carne y hueso antes que un problema social o un número de una estadística o meros sujetos vulnerables.

En la Fazenda de la Esperanza, se puede tocar con las manos el Amor de Dios, ser testigos de cómo la Palabra de Dios es viva y eficaz, cómo el amor puede trasformar personas y alumbrar hombres libres y liberadores, que se dejan ayudar y ayudan a otros. Es común escuchar entre los jóvenes:”hay que amar concretamente” y así aparecen gestos y actos de solicitud precisos, “hay que hacer unidad” y asociarse al otro para sacar juntos algo adelante, ‘hay que amar a los difíciles” y servirle la primera y mejor porción de comida, “hay que tener corazón abierto” y entregarse para escuchar o ayudar a los otros.

Esto es amar concretamente y con Jesús presente en el medio, éste es el lado adormecido, anestesiado, amputado, que la convivencia en la Fazenda posibilita redescubrir y apropiarse… desde los últimos y pequeños detalles comienza el renacimiento. La mano invisible pero amorosa de Dios es la que conduce y señala el camino, en las crisis y en las alegrías, en las discusiones y en las reconciliaciones, en los encierros y en las aperturas, en los cansancios y en la recreación, en todo hay aprendizaje y crecimiento. La “comunión de almas”, “el vivir el evangelio” de cada día, el “intercambio de experiencias” marca el ritmo para percibir los avances y el progreso, o admitir las regresiones y los estancamientos.

Allí, en Las Canteras, el día transcurre entre espiritualidad, trabajo y convivencia en comunidad, allí la esperanza se deletrea, se talla y tiene nombres y rostros propios. En cada chico con su historia y sus sueños, con su rostro desmascarado y con su mirada desnuda, suena una nueva melodía que nos relata que no todo esta perdido, que hay reserva de humanidad, que hay que tener fuerza para saltar y salir. La constancia y la perseverancia, la paciencia y el aguante ahí no son virtudes predicadas o versos, son palpitaciones y vibraciones vitales. Estos muchachos son los que nos pueden dar lecciones de superación y atestiguar que no son inexorables o irremediables las caídas… Ante ellos alabo a Dios por su obra, me inclino y lavo sus pies, porque son benditos por el camino que quieren reemprender.

Gracias porque con simplicidad me brindaron su amistad y cariño, por los que donan tiempo y capacidades para acompañarlos, por los que intuyeron que en la familia cristiana nadie está de más y nadie sobra y todos tienen un lugar. Gracias por esta Iglesia servidora que no se pone por encima como maestra, sino que primero acoge y nutre como madre. Gracias por los que superan fronteras y prejuicios para abrazarlos y dejarse infectar por sus ganas de cambiar. Gracias par sus familias que los acompañan y afrontan todo, con tal de que sean más libres y más felices.

José Luis Corral SVD

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La Fazenda: una historia de esperanza

Todo comenzó con la llegada de Fray Hans Stapel, ofm, en Guaratinguetá (San Pablo-Brasil) en el ana 1979. El religioso franciscano inició en la Parroquia Nuestra Señora de la Gloria una nueva experiencia de vida basada en el amor cristiano. De esa experiencia surgió la “Fazenda de la Esperanza”. En 1983, Nelson, un joven de la Parroquia, se encontró con un grupo de drogadictos cerca de su casa. Sin pretender nada, sólo poner en práctica el Evangelio, se acercó a ellos y después de un cierto tiempo de frecuentarlos, uno de aquellos jóvenes le pidió ayuda para dejar aquella vida. Varios de los otros jóvenes seguirían los pasos del primero y decidieron vivir juntos en una casa donde voluntarios y jóvenes en recuperación procuran vivir en el respeto mutuo y trabajar para su mantenimiento.

Hoy este programa está difundido en 27 Centros masculinos y los Centros femeninos, distribuidos en varias regiones del Brasil. En el exterior hay 2 fazendas en Alemania, 1 en Paraguay y 1 en Filipinas, 1 en Rusia, 1 en México, 1 en Guatemala, y 1 en Argentina. En todos los centros, el esfuerzo de recuperación está fundamentado en una experiencia concreta del Evangelio como camino de cambio de mentalidad y del trabajo como fuente de comunión y de sustento.

Proyecto de recuperación de Drogadictos y Alcohólicos
El objetivo del proyecto es proporcionar al interno/a, la posibilidad de una vida nueva y sana. Se reciben dependientes de 15 a 45 años, con el vicio de la droga o alcohol, que deseen recuperarse. El programa de recuperación es de 12 meses, basado en el trabajo como fuente de auto-sustentación y de una vida en comunidad como instrumento para el cambio de mentalidad. A la luz de la espiritualidad del Evangelio. No se hace uso de medicamentos.

La espiritualidad es uno de los puntos fundamentales en el proceso de recuperación en la “Fazenda de la Esperanza”. En la Fazenda se reúnen dos fuertes espiritualidades: el carisma de la pobreza de San Francisco y el Carisma de la unidad del Movimiento de los Focolares. Para reforzar la promesa de comenzar una vida nueva, se reza el rosario diariamente y se hace la meditación de un texto del Evangelio. De estos textos se escoge una frase para poner en practica durante el día. Así se aprende, paso a paso, a amar al prójimo como a sí mismo.

Ubicación Geográfica
Deán Funes: esta ciudad se encuentra ubicada a 120 Km. al norte de la ciudad de Córdoba capital, tomando la ruta 9 y aproximadamente a los 70 Km. empalma con la ruta 60, hay que recorrer luego unos 50 Km. hasta llegar hasta la ciudad de Deán Funes. Desde esa ciudad por un camino de tierra debemos recorrer unos 10 Km. para llegar al predio de las Canteras, donde se encuentra la “Fazenda de la Esperanza”.

(Fuente: “Misiones en el Mundo” Nº 76)