Una Iglesia de Misericordia

Vivir el Jubileo Extraordinario del Año de la Misericordia como Misioneros del Verbo Divino

090516Por Mark Weber svd *

Somos hombres de Iglesia. El Prólogo de nuestras Constituciones afirma que “Donde quiera la Iglesia nos envíe, hemos de proclamar el evangelio de tal modo que todos los pueblos caminen en la senda de la salvación, libres de las sombras del pecado por la luz de la Palabra y el Espíritu de gracia”. Como embajadores de la Iglesia, nuestra misión es en el mundo. Es nuestra tarea “proclamar la Palabra de Dios a todos, establecer nuevas comunidades dentro del pueblo de Dios, fortalecer su crecimiento y promover la comunión entre ellos y con toda la Iglesia” (Co. 102). Acompañamos a las comunidades eclesiales “nacidas de la Palabra de Dios” y “nutridas por la palabra y el sacramento” (Co. 108). Una mayoría de cohermanos en actividad sirven a estas comunidades eclesiales en parroquias, nuestra raigambre primaria de conexión con la iglesia universal.

Sin embargo, el rol histórico de los religiosos consagrados no consiste sólo en estar al servicio de la iglesia, sino además incluye ser “una espina en el costado” de la iglesia, llamándola a una vivencia más fiel y radical del evangelio. Ciertamente, nuestra interculturalidad desafía a la iglesia universal en la que servimos a ser más inclusiva, convencidos de que “nuestras comunidades verbitas interculturales y multiculturales dan un testimonio importante y vivo de la inclusividad y diversidad del Reino de Dios” (Cap. Gral. 2006, IDV 6, I.1). En nuestra misión intercultural, también desafiamos a la iglesia entera a celebrar la diversidad del pueblo de Dios en todo el mundo, liberándola de modelos históricamente monoculturales y estancados de vida eclesial, de normas, de liturgia y de misión.

Como servidores fieles y también como servidores disidentes dentro de la iglesia, quizá podríamos preguntarnos a qué nos llama este Año de la Misericordia. El papa Francisco en el párrafo 10 de la Misericordie Vultus dice claramente que “la Misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo”. En nuestra vida y testimonio como Misioneros del Verbo Divino, ¿cuál es nuestra manera específica de ayudar y desafiar a la iglesia a profundizar su misión misericordiosa?

El papa Francisco menciona que “mientras la práctica de la misericordia gana terreno en la cultura más amplia”, la iglesia debe retomar el llamado gozoso de la misericordia”. ¿Son nuestras relaciones interculturales un testimonio en la iglesia de una necesaria actitud paciente y misericordiosa, en lugar de un simple enjuiciamiento culturalmente estereotipado? En un mundo, y a veces en una iglesia, profundamente dividido, ¿es nuestro compromiso de diálogo profético un desafío al mundo y a la iglesia de acercamiento a otros con una actitud de “solidaridad, respeto y amor”? (Capítulo General 2000, IDV 1, 53). ¿Abrazamos esa actitud de solidaridad, para que la iglesia se vea desafiada a vivir lo que el Papa reclama de “cargar con las debilidades y luchas de nuestros hermanos y hermanas”, no con juicios sino con misericordia?

Esta solidaridad misericordiosa, para nosotros, está seguramente expresada en las Orientaciones Congregacionales Ad Extra del Capítulo General del 2012. ¿Puede nuestra solidaridad con las familias y jóvenes, migrantes, pueblos originarios y los pobres, dar frutos sin un sentido de misericordia, sin haber sido “atrapados por la ternura”, lo cual el Papa ve como la fundación de todas nuestras actividades pastorales? En toda la variedad de las actividades misioneras donde estamos comprometidos, ¿trabajamos con los laicos y otros para desafiar a la iglesia a recordar a los olvidados, lo más necesitados de misericordia y compasión?

De la misma manera, las Dimensiones características pueden verse como recordatorios a la iglesia de acercamiento misericordioso a varias dimensiones de su vida. Nuestro Coordinador de Biblia, Marek Vanus, en el anterior Arnoldus Nota, nos demostró cómo la Biblia revela claramente a un Dios misericordioso. Nosotros comunicamos esa Palabra de misericordia, y llamamos a la iglesia a participar en la misión misericordiosa de Dios.

Mientras nuestra labor por la justicia demanda un análisis crítico y una defensa firme de los derechos humanos, el papa Francisco nos recuerda que “focalizarse sólo en la justicia” puede conducir a la iglesia a “olvidar que esto es sólo el primer paso, aunque necesario e indispensable” hacia una genuina misericordia. Nuestra propia pasión por la justicia debe fluir de la misericordia y la compasión, sí encendida, pero no motivada, por odio ni rabia.

¿Somos modelos de misericordia que verdaderamente desafía a la iglesia a un testimonio similar? El papa Francisco, en su regreso de la visita a Brasil en 2013, dijo que la falta de misericordia en la iglesia puede ser vista en el no tan hermoso testimonio de algunos sacerdotes” y “el problema del clericalismo, por ejemplo, que ha dejado tantas heridas, y tantos heridos”. Reflexionemos cómo el clericalismo puede permitirnos valorar títulos, privilegios y poder por sobre la misericordia y la solidaridad. Preguntémonos si estamos encarnando una iglesia de compasión y misericordia, o una iglesia legalista, jerárquica, dominante y patriarcal. Cuidemos menos el honor y el prestigio, y atendamos más a practicar la solidaridad misericordiosa con la gente entre la cual vivimos y trabajamos.

El papa Francisco, en su reciente exhortación Amoris Laetitia, reconoce que “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real” (AL 311). Los seminarios y universidades pueden enseñar derecho canónico o derecho civil, pero no pueden enseñar misericordia. Es un asunto del corazón. Que el corazón de Jesús, rebosante de amor, vive en nuestros corazones para que podamos ayudar a formar el corazón de la iglesia en esa misma misericordia.

 * Mark Weber svd, Secretario General para la Formación y Educación.

Fuente: Arnoldus Nota, mayo 2016