Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia

Yo estoy aquí (Ascensión del Señor)

Por Aureenhor Ian Nercua svd

“Vayan y hagan”, son palabras de Jesús dirigida a nosotros. Más que una orden, es una invitación a todos nosotros a un proyecto de vida para anunciar a todos que en Jesús, hay vida, hay esperanza, por eso siempre hay futuro.

Jesús es el único que puede darnos propósito, significado y la esperanza de la vida. Es por eso que en el evangelio de hoy, Jesús nos llama a evangelizar cumpliendo el propósito que recibimos en nuestro bautismo. Y para fortalecer a esa misión, el Señor nos prometió el poder del Espíritu Santo como presencia de Él, como su acompañamiento.

Podríamos notar que en las tres lecturas de este domingo hablan del poder, de una fuerza. Y Jesús nos recalcaba que cada uno tiene el poder. Esta es la fuerza que poseemos por ser hijos de Dios y que debemos usar en nuestro camino diario. Hay muchas clases del poder: poder político, poder militar, poder financiero y poder psicológico. Pero el poder que nos promete Jesús, no es ninguno de ellos, sino que es el poder espiritual. Porque es el poder que nos hace fuertes y nos ayuda a contagiar a los demás con una actitud de alegría del evangelio. Es el poder que nos hace optimistas en cualquier situación difícil, podría ser una tragedia o una tormenta en nuestra vida o un mal pasado. Es el poder para sanar nuestra tristeza y llenarnos de gozo donde estemos como testimonio, que hay vida, hay esperanza, porque Jesús nos ha compartido el poder del Espíritu Santo en la Fiesta de Pentecostés. Es por eso, que es el único poder que nos capacita para cumplir tal invitación de Jesús. Es el poder que está lleno de amor, paciencia, perdón y perseverancia.

Hoy por hoy, notamos muchos cristianos que nunca han comprometido totalmente sus vidas a Jesucristo. No van a la Misa cada domingo, ni cumplen los mandamientos de Dios por tener su propia manera de vivir. Es por eso al fin, nos sentimos vacíos. Tenemos una realidad, y es la de contestar esa invitación de Jesús empezando en nuestra vida personal, después en la familia y en la comunidad. Recordemos que somos sus testigos frente al mundo. En esta fiesta de la Ascensión del Señor, debemos recordar quiénes somos y cuál es nuestro propósito de la Vida de ser hijos de Dios.

P. Aureenhor Ian Nercua SVD
Parroquia San Cayetano – Palpalá, Jujuy