Vivir la paz y el perdón

YO ESTOY AQUÍ (Pentecostés C – Juan 20,19-23 / Hechos 2,1-11 / 1Corintios 12,3-7.12-13)

 

Celebramos hoy el domingo de Pentecostés. Con la llegada del Espíritu Santo, la fuerza del Espíritu de Dios llegó a los corazones de los apóstoles y animados por ese Espíritu, ellos salieron a predicar con su vida y palabra el Evangelio a los hombres y mujeres de diferentes lenguas y culturas. Gracias a ellos, la Palabra de Dios ha llegado a nosotros. Una palabra de liberación, de amor y de perdón.

En el Evangelio de hoy, al aparecerse a sus discípulos tras su resurrección, Jesús les desea la paz, les concede su Espíritu y les da el poder de perdonar los pecados: «La paz esté con ustedes, reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y retenidos a los que ustedes se los retengan». Cómo hacer de ese deseo de Jesús una realidad, o sea, cómo podemos vivir la paz y el perdón en una sociedad cargada de violencia, odio, envidia, venganza, división y murmuraciones. Cómo podemos reflejar el amor y la misericordia de Dios en nuestros hogares, escuelas y trabajos. La respuesta es que tenemos que abrirnos al Espíritu de Dios para dejarnos transformar por él.

Pentecostés nos enseña que Dios está constantemente presente en medio de nosotros a través de su Espíritu. Ese Espíritu nos recuerda la enseñanza de Jesús: el amor a Dios y al prójimo, nos guía por el verdadero camino, ilumina nuestro entendimiento, inspira nuestras buenas obras y orienta nuestra vida. Si abrimos el corazón al Espíritu de Dios, él lo transformará, llenándolo con sus dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad, y temor de Dios, y nos enseñará a vivir como verdaderos hijos de Dios. Movidos por la fuerza poderosa de ese Espíritu, podemos vivir el amor, la alegría, la paz, la magnanimidad, la afabilidad, la bondad, la confianza, la mansedumbre y la temperancia en nuestras familias y comunidades.

Que este día del cumpleaños de la Iglesia, nos ayude a abrir nuestros corazones a la acción transformadora del Espíritu Santo, para que aprendamos a amar, a confesar nuestros pecados y a vivir como verdaderos hijos de Dios.

Belén Luzco
Parroquia San Francisco Solano, Alto Comedero-Jujuy