Vivir nuestra fe

YO ESTOY AQUÍ (27º Domingo C – Lc 17,5-10)

Por Ian Nercua svd

Las lecturas de este domingo nos hablan del poder de la fe, la fe autentica. ¿Qué significa la fe auténtica? Es una fe viva y sanadora, que nos lleva a entregarnos a Dios llenos de confianza. Esta es la misma fe con la palabra final que Jesús ha dirigido al samaritano “curado”, cuando le dice: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. Por eso nuestra fe en Cristo es una fe terapéutica, sanadora y liberadora.

Una de las preguntas que más se escucha es ¿Para qué sirve la fe? ¿Acaso el que tiene fe no va a caer en la enfermedad, en la ruptura matrimonial, o en la depresión? ¿Para qué sirve entonces tener fe? O en otra forma de pregunta, ¿para qué vengo a la Iglesia si voy a pecar igual o caer de nuevo al mal? A ellos, siempre les digo que debemos estar en la iglesia para sentir que somos pecadores sanados por la fe y al mismo tiempo renovar de nuevo esa fe auténtica.

En un mundo tan utilitarista como el nuestro, las cosas se buscan para que “sirvan” para algo. Vale lo que me sirve, y es inútil lo que no me aporta nada. Esto es cierto, pero es la idea que tienen muchas personas de nuestro mundo. Por eso hay cristianos llenos de sufrimientos, porque el mundo que imaginan en su mente no se parece en nada al mundo real. Más que vivir en el amor de Dios, viven en los propios esquemas personales y eso les produce un dolor intenso y consecuencias malas. Por eso a veces somos “servidores inútiles” no porque no sirvamos para nada, sino que por mucho que hagamos no le daremos a Dios de corazón. Él tiene que ser nuestra fuente y nuestro motor espiritual.

300916La fe se mueve en otras claves totalmente diferentes. La fe no es una conquista humana, ni se compra, ni se obtiene solamente por el propio esfuerzo personal. La fe es un magnífico regalo que Dios nos hace. Y nuestra voluntad de tenerla y nutrirla es una participación y agrega a ese magnífico regalo que Dios nos hace. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica # 154: “la Fe es una gracia de Dios y es también un acto humano”. Por eso, para creer significa una respuesta a la gracia divina. Y esa respuesta consiste en un acto de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, por la que aceptamos creer. De allí que los Apóstoles piden al Señor que les aumente la fe, porque sin ella quedarán incapacitados para entender y vivir el Reino de Dios.

Mi fe no es un sentimiento, mi fe es un asentimiento y un experimentar al Señor vivo en mi vida. El Señor que me salva y me da vida. Además, las situaciones como la enfermedad, la ruptura matrimonial, la muerte propia y la de nuestros seres queridos, se viven de manera muy distinta con fe que sin ella. Solamente en esa manera de pensar es que podamos tener una fe auténtica, viva, sanadora y liberadora. Por eso, en momentos que no sintamos esa fe auténtica, debemos gritar como los discípulos, “Auméntanos la fe”, porque necesitamos creer con más convicción, más realismo y más gozo.

Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá – Jujuy


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Recursos para acompañar la reflexión bíblica de esta semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Koinonía) (lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
Auméntanos la fe (José Antonio Pagola)
La fe y las obras (Fray Marcos)
Del tamaño de un grano de mostaza (Martín Weichs svd)
Centinela de historia (Vicente Martínez)
¡Abajo la presunción! (José Luis Sicre)
Un evangelio un poco “kantiano” (Marta García)
Como un grano de mostaza… El hombre vive de la fe (Xabier Pikaza)
Fe como un granito de mostaza (Video semanal – Quiero ver)